lunes, junio 30, 2008
miércoles, junio 25, 2008
agh
será que todo está tan out of topic excepto esto, que vamos caminando y yo te digo, mirá, lo está saludando demasiado amigablemente (mentira, i say lo está tocando) y vos me decís sí, yo estaba viendo lo mismo, y todo se da tan vuelta de un momento para otro, y como si alguna vez después de los doce y sin mi abuela yo hubiera visto la novela de la tarde, ahora tenemos todo en vivo y en directo, y nos gustan más los capítulos de los viernes, y te mando mensajes a las seis a.m. de un domingo para que me expliques qué hago acá justo en este momento de mi vida, el lugar menos feliz para encontrarme con gente y pensar que no hay nada que hacer, que así es mar del plata, que ojalá una nube de polvo y no todos caminando por la misma vereda; y que llames y preguntes cómo estoy y todo se vuelva tan no podría ser de otra manera, tan estoy bien, descalza, jadeante, con el teléfono en una mano y la cabeza en la otra, con el monitor electrizándome el pelo, y el sábado que pasa a ser horas de sueño y culpa por no estar haciendo algo bueno por nosotros, por no estar mínimo hablándote o diciéndote basta, nada tiene por qué estar mal y ahora mismo voy a comprar un pasaje para mirarte las manos o para decirte que esperes, que nada se limita a tener miedo o tener asco, o ajco, o axco; al menos no en este estado de consciencia nuestro, al menos no después del domingo en un sopor insoportable y harto de deificar el F5, y con él que me dice que si hace mal hay que dosificarlo, y yo que me quedo pensando que el problema es cuando todo lo demás me dosifica, y regina que está adentro de tu boca, y mis colmillos que se chocan cuando duermo y te piden que te quedes con mis partes buenas, and you’re making that face that i like, and you’re going in, in for the kill, kill, for the killer kiss, y capaz tendrías que haber evitado bailar con los ojos cerrados y buscar un lugar con tanta gente que daba lo mismo, que éramos todos uno, que no tenés derecho a pensar que yo quería que fuéramos dos. Y tanto des-balance, tanto es obvio que algunas cosas pesan más que otras y que ni puedo sentirme bien y de acuerdo conmigo, para después terminar (qué ridícula-hipócrita-persona-poco-indicada) en una clase de yoga, tremendo speech la mente tiene el poder, y acompañada del pequeño-nódulo-pedazo-de-muerte-si-pensás-en-mí-y-te-maquinás-me-haré-cada-vez-más-grande, y encima una autorización de me autorizo a mi misma a que me sea realizado este análisis, y la gente que utiliza eufemismos pelotudos, y yo que firmo con toda la posición de adulto que me sale del cuerpo, aclaro y todo, y le pregunto, veinticuatro, ¿verdad? con cara de seriedad y de sí, yo soy consciente, yo puedo decididamente hacerme cargo de mi vida.
martes, junio 24, 2008
sábado, junio 21, 2008
viernes, junio 20, 2008
domingo, junio 15, 2008
jueves, junio 12, 2008
curitas
antes venían con agujeros para respirar.
con dibujos de mickey,
de bugs bunny o
del pato lucas.
y con ese impulso rojo,
que se atasca,
y que lleva a los hijos de las madres no-te-toques
a arrancar cáscaras, cicatrices.
pero no vienen más.
(los poros respiran el plástico piel)
eran para una nena
que lastimaba hormigas
para después curarlas
que se golpeaba el cuerpo
contra una pared,
-consciente,
no con esas burbujas de plástico que protegen-
para después llorar.
con dibujos de mickey,
de bugs bunny o
del pato lucas.
y con ese impulso rojo,
que se atasca,
y que lleva a los hijos de las madres no-te-toques
a arrancar cáscaras, cicatrices.
pero no vienen más.
(los poros respiran el plástico piel)
eran para una nena
que lastimaba hormigas
para después curarlas
que se golpeaba el cuerpo
contra una pared,
-consciente,
no con esas burbujas de plástico que protegen-
para después llorar.
viernes, junio 06, 2008
del futuro
últimamente no puedo agarrar un libro sin pensar en cómo será cuando se haya puesto completamente amarillo.
miércoles, junio 04, 2008
Oliverio Girondo en Espantapájaros
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Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
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En mí, la personalidad es una especie de forunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
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Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.
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¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
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Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
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¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo -me pregunto- todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
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El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia...de un egoísmo...de una falta de tacto...
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Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
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Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.
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lunes, junio 02, 2008
domingo, junio 01, 2008
perro onírico
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Primero estaba con vos y con tu mamá, y estábamos comiendo. Algo como una naranja con crema se caía al piso y tu mamá la quería tirar pero yo me la quería comer. Entonces vos le decías a tu mamá como con odio hacia mí que me dejara, que si yo creía que me podía comer esa naranaja, que me la comiera.
Después íbamos en un auto con vos y tu papá. Estábamos pasando por la zona de Aragone pero en contramano (no sé si ubicás, el coso abandonado que está cerca de mi casa). La idea era que tu papá nos estaba llevando a dormir a un lugar. Pero yo lo hacía frenar porque quería dormir en Aragone. Tu papá me decía que yo estaba loca. Vos decías que sí, y otra vez, como con odio, le decías que me dejara, que si pensaba que podía dormir ahí, que durmiera. Yo veía lo que iba a ser mi cama, un montón de sillas viejas de cuero rotas y llenas de basura entre la calle y el cordón de la vereda, llenas de barro. Y sentía que sí, que iba a dormir ahí y que eso estaba bien.
Después íbamos en un auto con vos y tu papá. Estábamos pasando por la zona de Aragone pero en contramano (no sé si ubicás, el coso abandonado que está cerca de mi casa). La idea era que tu papá nos estaba llevando a dormir a un lugar. Pero yo lo hacía frenar porque quería dormir en Aragone. Tu papá me decía que yo estaba loca. Vos decías que sí, y otra vez, como con odio, le decías que me dejara, que si pensaba que podía dormir ahí, que durmiera. Yo veía lo que iba a ser mi cama, un montón de sillas viejas de cuero rotas y llenas de basura entre la calle y el cordón de la vereda, llenas de barro. Y sentía que sí, que iba a dormir ahí y que eso estaba bien.
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