si de carteles tranquilizantes se trata, me quedo con uno que dice "cerrar con firmeza" y está en la canilla del baño de un lugar al que vamos seguido, porque nos gusta y desde que éramos chicas lo miramos con cariño, capaz por las fotos de ella fitzgerald o el juego de espejos, pero ahora más todavía por la tranquilidad que nos da ese cerrar con firmeza, ese saber que no va a pasarse para el otro lado, que vamos a dar un portazo en otro orden de cosas, o una patada, y ni una gota más, nada más que esa seguridad tranquilizante; y después sacudirnos las manos y salpicar todo el espejo, y que ella (tan rara, tan desconocida, tan boris vian) nos pregunte si queremos una toalla, y decirle que no, que a nuestros rulos les hace bien el agua, que es como aceto balsámico, tan oscura y dulce, tan desintoxicante y sucia, tan plein de vagues, y reirnos, con toda la presión del mundo contenida por algún mecanismo extraño, pero gracias igual, de verdad gracias, cómo te explico que tuviste un gesto tan maternal que casi se me cae una lágrima, que casi me pongo a llorar ahí y te abrazo, pero no, una lágrima no, jamás, mis lacrimales cerrados con firmeza;
y si de carteles que te dicen una cosa y después otra se trata, me quedo con uno del baño de dickens, ese mismo, porque nos está diciendo que cuidado, va a quedar goteando, y en cualquier momento, por cualquier motivo o sin ningún motivo se te va a caer una gota, como cuando esa navidad nos obligaste a salir corriendo para perdernos de vista, y él aullaba, y yo también, convertida en lobo, tratando de mantenerme lejos de mi misma para no venir a destruir mi propia casa, y de qué seguridad me estás hablando, y después llanto, y risa porque la gota cae por cada parte del cuerpo pero adentro es llanto, tanta tensión que necesito que me cierres con firmeza, con tu creer en algo, con eso que nos hace tan distintos, con tu creer que hay canillas que sí, con palabras que resuenan y ojalá la verdad, la razón, ojalá, ojalá le progrès y canillas que sí, cierran.